La inversión extranjera en pozos y minas nos empobrece

La inversión extranjera en pozos y minas nos empobrece

Por: María José Pizarro

La concentración de la inversión extranjera en el sector minero-petrolero arruina la economía nacional. La política extractivista e importadora de estos últimos 20 años ha quebrado la producción nacional y empobrecido a los hogares colombianos. Esto se agudiza hoy con la crisis pandémica.

La apertura económica en Colombia desde los años 90 ha permitido una gran expansión de los flujos de inversión extranjera directa (IED), que son capitales provenientes del exterior y que en nuestro país se han dirigido principalmente hacia el sector minero-petrolero. La concentración de la IED en ese sector refleja una política rentista antinacional de los últimos gobiernos, que se ha enfocado en la acumulación de divisas para beneficio de dirigentes corrompidos, y que tiene como corolario la destrucción de nuestros territorios y nuestras comunidades. Agua, bosques y vida por un puñado de dólares.

Entre 2002 y 2014, el alza del precio de los hidrocarburos en los mercados internacionales impulsó el aumento de los flujos de IED en el sector minero-petrolero en Colombia. Esto significó un aumento de la cantidad de divisas que ingresaban al país, lo que provocó un incremento de la demanda de pesos colombianos y su valoración frente al dólar. El lazo estrecho del valor de la moneda colombiana con el precio internacional del crudo, provoca una fluctuación volátil del peso y un debilitamiento de la economía nacional ante los mercados mundiales. Para ilustrarlo, recordemos el recorte de 6 billones del presupuesto general de la nación por el Gobierno Santos en febrero de 2016, a causa del desplome de los precios del petróleo.

Esa demanda de moneda nacional valorizó al alza el peso colombiano y estimuló la importación de productos extranjeros abaratados. Eso, sumado a la firma de una serie de tratados de libre comercio con potencias exportadoras como EE.UU. y la Unión Europea, creó un fenómeno de sustitución de la producción nacional por importaciones, que aceleró la caída de la producción en el país con consecuencias desastrosas para los productores. Por tanto, las políticas extractivistas e importadoras de los años 2000 en adelante dieron como resultado el empobrecimiento de los productores colombianos, tanto campesinos como manufactureros.

De 2015 en adelante, por causa del derrumbe del precio del petróleo, este modelo de economía dependiente agotó sus rendimientos y entró en crisis. Este agotamiento se ha agudizado con la desaceleración de la economía mundial causada por la crisis pandémica. Se redujo la demanda mundial del crudo, la caída de sus precios, y por ende la IED en Colombia. Según datos del Banco de la República, la IED en el sector minero-energético se contrajo el 36,7% en el primer semestre del año 2020 con respecto al primer semestre del año anterior. Como por efecto erosivo, la depreciación del peso colombiano atada a la fluctuación del valor del petróleo se profundizó, pasando de 3.200 pesos por dólar a más de 4.000 pesos por dólar en marzo de este año. Esa depreciación se tradujo en un incremento sustancial del precio de las importaciones. Es de señalar que, tras más de 15 años de destrucción del tejido productivo nacional, Colombia no tiene cómo sustituir los productos importados encarecidos.

Más aún, pasamos de tener una producción nacional arruinada al sobre-endeudamiento de los hogares, que hoy luchan por sobrevivir a la crisis pandémica y pagando el doble por los alimentos y los productos importados. Esta empobrecedora situación que lleva más de dos décadas causada por la falta de decisiones de los responsables de la política económica del país para diversificar el destino de la IED y promover sectores productivos e intensivos en capital humano cualificado. Así mismo, la ausencia de intervención en la tasa de cambio por parte del Banco de la República ha contribuido tanto a la sustitución de la producción nacional por importaciones como a la falta de control de capitales cuando hoy la IED se retira de Colombia por la crisis pandémica.

Tal una profecía visionaria y salvadora, el pasado 30 de julio Duque proclamó que “Colombia sale adelante”. Apoyándose en una de las monedas más devaluadas de la región y con unas reservas fantasmagóricas de petróleo, el gobierno tiene un remedio milagroso para reactivar la economía colombiana: inversión extranjera en infraestructura (acordémonos de Odebrecht) para supuestamente transportar no sabemos qué producción y, claro, el innovador fracking. En fin, la obsolescencia de una modernidad que nunca llegó.

Hoy, cuando los precios del petróleo experimentan caídas históricas, es un momento acertado para que la política económica colombiana incentive la IED en iniciativas de producción local y de transición energética, de modo que el país pueda producir cada vez más productos con alto valor agregado y de manera sostenible. Es una cuestión de soberanía que las autoridades económicas del país implementen controles de capital y en la tasa de cambio.

La receta del desarrollo económico en el siglo XXI por parte de los gobernantes colombianos ha sido lucrarse de la explotación minera y petrolera de los territorios y dejar a las comunidades en la pobreza, contaminadas de crudo y de mercurio. Tanto la economía colombiana como el estado de bienestar financiero de los hogares colombianos no pueden seguir a la merced de la codicia insaciable de esos vendepatrias.

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8 Comments on "La inversión extranjera en pozos y minas nos empobrece"

  1. Germán Gutiérrez García. | 15 agosto, 2020 at 11:04 am | Responder

    Efectivamente, durante los últimos 20 años, la inversión extranjera en empresas productivas ha caído dramáticamente. En Cali, solamente, en estos años han abandonado el país más de 100 empresas industriales. El monto de la inversiones en empresas extractivas es alto en términos monetarios pero muy bajo en uso de mano de obra.
    Algo más, las grandes riquezas naturales con la que cuenta el país se ven a diario disminuidas por cuenta de extracción hasta el agotamiento, caso del carbón del Cerrejón Zona Norte, del ferronoque en Córdoba y de muchos pozos petroleros en todo lo ancho del territorio nacional.
    El problema cambiario tiene otro ángulo de observación, en la medida que el peso colombiano sufre una caida en sus precios, los activos nacionales sufren una notoria depreciación, valga por ejemplo el de su casa de habitación, cuántos dólares valía dicha casa hace diez años y cuántos dólares recibiría hoy si decidiera venderla al la tasa de cambio actual?.
    Valdría la pena pensar en cambiar nuestro devaluada moneda nacional por el dólar americano para que nuestros activos tuvieran por lo menos el mismo valor en el mercado internacional y que nuestros industriales se enfrentaran eficientemente con la competencia extranjera.
    Los resultados en el Salvador y en Ecuados parece que han sido beneficiosos.

  2. Excelente artículo y totalmente de acuerdo con Pizarro, a colombia lo único que lo va a ayudar es activar el agro en todo el país.

  3. Y cuál es tu propuesta? Estás contextualizando el hecho como si la crisis sólo fuera de Colombia. Hablas de odebrech como si hubiera sido causada por Duque y no por Santos. Con esa gran tesis, que propones para no requerir de la inversión extranjera?

    • Santiago Monsalve | 15 agosto, 2020 at 9:39 pm | Responder

      Claramente se habla que la producción nacional lleva dos décadas desistimulada y desfinanciada, empezar por ese aspecto es lo más obvio. Somos un país productor que compra, así de ridículo, y el Gobierno propone alternativas para comprar más: pues…

  4. De todos las maneras de pensar hay que sacar lo bueno, en este caso apoyo el incentivo a la producción local de productos con valor agregado, esto es demasiado importante. Pero el resto hay mucho matiz político al que debemos de hacer caso omizo, en Colombia deberíamos de olvidarnos de los colores políticos y centrarnos en todas las buenas ideas de donde venga. Lo importante es nuestro país, levantar este país a lo alto, como debe ser, pero esto se logra con unidad, olvidándonos de las diferencias de dos bandos políticos y encontrando un concenso pRa llevar a la realidad las soluciones que necesita Colombia.

  5. Rosiris Mercado vides | 15 agosto, 2020 at 9:14 pm | Responder

    Muy buen artículo el de Pizarro. Coincido en que hay que buscar la forma de producir bienes con alto componente tecnológico. No sólo extraer y exportar materias primas.

  6. Bien por el articulo, un poco politizado, este tema lo expone magistralmente el senador Robledo. El tema pandemia es triste por qué desnuda las consecuensias del peor crimen que se ha cometido en la historia de Colombia La ley 100 de seguridad social.

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