El Presupuesto General de la Nación, una oportunidad perdida

LA EXIGENCIA DE MATRÍCULA CERO EN PANDEMIA, OTRO ROUN POR LA GRATUIDADFotografía tomada de la red social Instagram

Por: Wilson Arias

El 29 de Julio fue radicado el proyecto de Presupuesto General de la Nación para la vigencia 2021, que, aunque podrá sufrir algunas modificaciones en su tránsito por el congreso, revela   aspectos de política económica fundamentales que tenderán a permanecer porque son el reflejo de la ideología del gobierno. Los $314 billones que representan el monto que tenemos que aprobar los congresistas de las comisiones económicas son insuficientes, se reparten de manera regresiva y no se conduelen con la situación de crisis que vive el país.

Es una verdad de Perogrullo decir que atravesamos por la peor crisis económica de la que se tenga memoria. Las proyecciones revelan poderosas caídas en el crecimiento, la economía exhibe lamentables cifras de desempleo, hay brotes deflacionarios que reflejan la escasez en la demanda agregada haciéndola inferior a la ya deprimida oferta agregada, no se trata de una crisis financiera de esas que se solucionan inyectando liquidez a los bancos, es una crisis de la economía real en la que el Estado juega un rol primordial, pues, se constituye en fuerza esencial para incentivar la demanda privada mediante el necesario aumento del gasto público; el Presupuesto es la herramienta elemental de política para actuar en consecuencia.

Las proyecciones que dan origen al Presupuesto devienen por principio de coherencia y consistencia, del Marco Fiscal de Mediano Plazo.  El economista Jorge Iván González en su columna para La República, ha concluido que se trata de un marco fiscal vergonzoso pues se diseñó con un modelo de 1940 y se construyó sin tener en cuenta la realidad del Estado, para hacerse una idea, la proyección resulta de suponer que el crecimiento rebotará en V, de una contracción del -5,5% en 2020 a una milagrosa recuperación del 6,6% en 2021, contradiciendo las proyecciones del FMI, el Banco de la República y otras tantas entidades financieras que proyectan una situación menos confiable. Carrasquilla y compañía fabrican un peligroso optimismo.

Los ajustes en el presupuesto de inversión para la educación; la reducción del presupuesto al SENA en un 4,33%, recortando los aportes de la Nación en un 9,11%; al Ministerio del Deporte en un 35,5%; al Ministerio de Cultura en un 16,71%; al Ministerio de Trabajo en el presupuesto de inversión en un escandaloso 85% sacrificando el componente de protección social, los minúsculos aumentos a la inversión en salud pública del 1,2%, por debajo de la inflación esperada, lo que denota una  reducción en términos reales. Todo esto expresa la  regresividad de un presupuesto que no guarda coherencia con la situación crítica que vive el país y que contribuye a profundizar la crisis. El principal instrumento de política fiscal tiene el  sesgo ideológico de la  austeridad y resulta ser una oportunidad perdida para reactivar la economía.

Lo califico de esta manera porque están sobre diagnosticadas las fórmulas para superar las crisis que indican caídas por el lado de la demanda. Si la demanda no existe las empresas no venden, no producen, no contratan gente, no pagan salarios, no tributan y la economía se deprime aún más.  Esto último se percibe en las cifras de inflación que se han tornado,  incluso, negativas, y en el último año registran por debajo del rango meta del 2%, indicando que la demanda no se está recuperando y el gobierno tiene el deber de jalonarla a partir del gasto público.

Es importante aumentar el gasto en sectores de la economía cuya actividad sea indispensable para crear empleos y mitigar el riesgo de una crisis peor, lamentablemente no es así; un ejemplo es el poco interés que demuestra el gobierno para potenciar la producción agrícola, sus  sucesivos presupuestos han expuesto sendos castigos al sector de la Agricultura. La Colombia rural es una de las más ultrajadas víctimas de este gobierno. En el Presupuesto General de la Nación, para la vigencia 2020, al sector rural se le redujo la apropiación en un 23% respecto al 2019, pasando de un presupuesto de $2,4 billones a uno de $1,9 billones.  Para el 2021, a este mismo sector, se anuncia otra reducción del 7,7% que equivale a un recorte de $200 mil millones en términos nominales, para una apropiación a todo el sector por $1,7 Billones. ¡Severa puñalada presupuestal!

El discurso que sostiene la austeridad se basa en la escasez de dinero, sin embargo, desde que comenzó la emergencia el Banco Central ha emitido mediante políticas de expansion monetaria unos $40 billones, dotando de liquidez al sector financiero al tiempo que el gobierno recorta el gasto público y reduce el estado mediante políticas contractivas y deflacionistas que hacen que descienda la oferta de dinero y con ello, bajen los salarios, los ingresos y los precios.

Como consecuencia de las bajísimas inflaciones provocadas por la contracción económica y la necesidad de financiación se ha generado un aumento de la deuda pública. En el presupuesto de gastos para el 2021 esta ideología se manifiesta con el aumento magnífico que se destina al servicio de la deuda pública, que constituye la partida más grande y la que más crece pasando de $53,6 billones a $75,9 billones, un crecimiento de 41,6%. De esta suma, $41,3 billones corresponde a principal y $34,6 billones a intereses.

En una economía basada en el crédito y que padece un sobre endeudamiento, la austeridad conduce a una disminución de la oferta dinero, dicha escasez de dinero provoca que su valor crezca, las deudas se encarezcan y la demanda se deprima aún más provocando caídas en el consumo y la inversión, es decir, profundizan la crisis. Insisto en esto, porque hay evidencia del resultado que arrojan este tipo de políticas que en la Gran Depresión del 29 en EEUU fueron famosas gracias al presidente Hoover, de ahí que en el argot de los economistas se les denomine políticas hooverianas, las mismas que más recientemente profundizaron la crisis en Grecia, Potugal o Argentina. Su fracaso es constatable aunque en Colombia poco se hable de esto.

Por eso la imperfecta política monetaria que le ha dado libertad a los bancos de usar recursos de los contribuyentes para ser invertidos en activos refugios que aumenten sus utilidades, debe  corregirse y armonizarse con una política fiscal correcta. No tiene sentido que la expansión monetaria sea exclusiva para los banqueros; es ilógico. Hay que poner la mirada sobre el gasto público y poner en la economia real las condiciones para que esta “engorde” consumiendo e invirtiendo en sectores productivos. Ya Keynes nos alertaba sobre el intento de engordar comprando un cinturón más largo; emitir para los bancos es exactamente eso.

De ahí la importancia que el sector público cree condiciones de liquidez para incentivar el consumo y aumente la oferta de dinero  favoreciendo la recuperación económica, si el empleo es estable genera ingresos tributarios con los que se puede reembolsar la deuda, la inversión pública, aunque estemos en crisis, potenciar la confianza proporcionará oportunidades al sector privado y mediante el multiplicador generará a la vez ingresos para el gobierno a través de mayores ingresos fiscales.

Esta es una oportunidad para ampliar el presupuesto público en sectores claves como salud, formación, educación, agricultura, en las TICS, las energías renovables.   La economía de la pandemia tiene en estos renglones unos campos oportunos de crecimiento, de generación de empleo, por lo tanto de riqueza, de poder adquisitivo que se convierte en consumo y en mayores tributos. Los colombianos deben contar con el respaldo del banco central para tener financiacion barata, al final, reactivar la economía sin arriesgar la vida de la gente, redundará en ganancias para todos. Esta es una oportunidad enorme para empezar a salir de la crisis, que en manos de Carrasquilla, parecer ser una oportunidad perdida.

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1 Comment on "El Presupuesto General de la Nación, una oportunidad perdida"

  1. Gracias Wilson , excelente analisis. Usted deberia ser nuestro ministro de hacienda.

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