Entre la biopolítica y la pandemia

Por: Andrés Camacho Morales / Twitter: @andrescamachom_

Según el concepto de la BIOPOLÍTICA de Foucault: “No hay política que no sea una política de los cuerpos”, el poder de hoy, administra la vida y la muerte de las poblaciones, las decisiones del Estado atraviesan nuestros cuerpos y nuestros cuerpos atraviesan la política.

Esta Pandemia, supera 18 millones de casos confirmados y nos aproximamos a las 700 mil muertes; es evidente el impacto de la política sobre nuestra vida. Sin embargo, algo que está ocurriendo, el uso de la emergencia para sacrificar vidas; los gobiernos de países como Estados Unidos o Brasil son muestra del uso del poder y de aplicación de la política para administrar nuestras vidas, de la biopolítica.

En nombre de la economía y la defensa del “desarrollo”, los gobiernos envían al matadero a sus ciudadanos y ciudadanas, niegan la existencia del virus y prefieren invertir los recursos públicos en el salvamento de bancos, la protección de los grandes capitales y la “reactivación” económica. Miles de personas salen a la calle al rebusque, u obligadas por sus responsabilidades. Si bien, el virus no distingue condiciones sociales o raciales, si existe distinción en la manera en que la gente se ve afectada, puede mitigar las consecuencias y es atendida en caso de contagio.

La Asociación Colombiana de Salud Pública reveló el pasado 26 de julio, una cifra preocupante; los estratos más vulnerables en Bogotá son los que mayor número de fallecimientos reportan a causa de Covid-19. Según el informe, la población con mayor exposición al virus y con más fallecimientos, pertenecen a los estratos 1,2 y 3 representando el 92 % del total. De estas, 350 personas pertenecían al estrato 1, 959 al estrato 2 y 527 al estrato 3 para un total de 1.836 pérdidas humanas.

Mientras los estratos 4,5 y 6 tienen un número de fallecimientos por Covid-19 por debajo del 50 % del total de muertes de las personas de estrato 1. Además, no se reflejan las cifras que impactan las condiciones étnicas, raciales y de género de las personas fallecidas. Que, sin duda tienen múltiples afectaciones por las situaciones de discriminación y violencias que deben afrontar en medio de la pandemia. Ahora sí, hablemos de biopolítica.

En un país cuyo sistema de salud ha sido prácticamente desmantelado, en donde la salud y la defensa de la vida se ha puesto al servicio del mercado y en donde los pacientes pasamos a ser simplemente clientes, adivinen quienes tienen mayor posibilidad de vivir. La gente con mayor exposición al contagio es la misma que tiene condiciones laborales precarias, la que trabaja por OPS, familias enteras que vive con menos del “salario” mínimo y no puede darse el lujo de esperar en su casa las ayudas del gobierno, esa es la gente que sacrifican en nombre del sistema económico.

Es probable que estemos asistiendo a un holocausto para salvar el capitalismo. Nos quieren hacer creer que existe un porcentaje de muertes tolerables, razonables. Recientemente decía Judith Butler: “La salud de la economía sacrifica la salud de los cuerpos de las minorías. Hay modelos de costo beneficio en donde la salud de los cuerpos es presentada como un porcentaje, como una curva, y si la curva se aplana hay que contentarse porque significa que algunos están viviendo. Pero la curva igual comunica muerte”

Ese es el rasgo general de mandatarios como Iván Duque, sus lánguidas medidas para afrontar la pandemia en Colombia lo demuestran. Entre más de 800 decretos, no se puede rescatar ni siquiera un puñado en materia sanitaria, no han usado la cuarentena para el alistamiento y fortalecimiento del sistema de salud. Por el contrario, el conjunto de medidas adoptadas está mayoritariamente orientadas a la “protección de la economía”. Pretenden meternos en una falsa dicotomía, salvar la economía o la gente. Pero si hay algo que nos demuestra esta emergencia, es que tenemos truncada la valoración por la vida y la condición humana, hoy se le ha dado más importancia a los tanques de guerra que a los hospitales.

Estamos en un momento de lucha por la supervivencia, quienes detentan el poder lo están usando para mantener sus riquezas y proteger sus vidas, la biopolítica en su máxima expresión. Para Carl Schmitt el Estado de excepción se refiere a medidas extraordinarias dentro de una democracia durante un periodo de crisis, pero Agamben dice que en las democracias actuales el Estado de excepción ya no es una excepción sino la regla. Es así como vivimos la pandemia, mientras el gobierno aprovecha la emergencia para gobernar por decreto, al mismo tiempo que se restringen las libertades y nos gobiernan por televisión, han querido cerrar el Congreso, congelar la justicia y dejar a la gente entre el hambre y el contagio.

La biopolítica como ejercicio de poder sobre la propia vida, sobre procesos como el nacimiento, la muerte, la reproducción, la migración y la enfermedad, desarrolla mecanismos de control, ya no solo sobre el cuerpo individual, sino la regulación de la población como cuerpo político. Es decir, poblaciones enteras pueden morir o vivir como consecuencia de lo que el Estado haga o deje de hacer por ellas. Así que cada acto, cada medida, cada decisión atraviesa nuestros cuerpos y por ello nos asiste todo el derecho, pero también todo el deber de exigir las mejores decisiones.

Migramos a otro tipo de sociedad, una sociedad aún por descubrir; el coronavirus entró en nuestra vida, tanto como un objeto de reflexión personal y cotidiana como un agente de reflexión filosófica y política. Este puede ser un momento de inflexión, puede traer consigo nuevas formas de desigualdad social y discriminación, o puede también, llevarnos a nuevas formas de relacionamiento, como la solidaridad global, nuevas formas de comprender lo político y modelos alternativos de economía. Puede también ayudarnos a volver a lo fundamental, al rescate de la vida y del planeta, a un nuevo humanismo en equilibrio con todas las formas de vida.

No sabemos a ciencia cierta, como saldremos de esta pandemia, o de las que vienen, podríamos salir de ella definitivamente solos, agresivos, competitivos e individualistas, o, por el contrario, podríamos salir de ella con un gran deseo de vivir y construir en comunidad, defender la dignidad con más fuerza, exigir la salud como derecho y no como privilegio, esto sería un buen comienzo para cambiarlo todo. La política a secas ya no puede hacer nada, hoy más que nunca solo tiene sentido la política si es para la vida.

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