El Presidente Poscovid

Por: David Racero

¿Cómo debe ser el presidente de la pospandemia? Podría parecer una pregunta precipitada. Pero no es casual que ya tres excandidatos presidenciales del 2018 estén hablando de propuestas y de acuerdos para las elecciones del 2022. Y es que es tanta la falta de liderazgo del actual presidente, que el pais está queriendo que pasen rápido estos dos años para salir de él. Es un hecho, ante la ilegitimidad y la incompetencia de Duque, la campaña ya nace prematuramente.

Sin embargo, hay que advertir con altavoces que la consigna no puede ser simplemente esperar que el tiempo pase. Es cierto que al mal paso hay que darle prisa, pero no es menos cierto que en este mal paso, el gobierno actual puede destruir totalmente los pilares mismos de la nación. Nuestra labor como ciudadanía y como agentes políticos es actuar, señalando las malas decisiones, impulsando propuestas rescate a la población afectada, estudiando los mecanismos de salida a la crisis y, principalmente, reconociendo las implicaciones nefastas que tuvo el ascenso al poder de un inexperto e insensible grupo de charlatanes financiados por la mafia.

Pero antes de hablar de nombres de posibles candidatos, debemos hablar primero de lo que necesita el país para salir de una de las peores crisis de su historia. Crisis social, por el aumento exponencial de la pobreza; crisis económica, derivada de la quiebra de empresas y la correspondiente caída del empleo; y crisis política, generada por la ilegitimidad de un gobernante que llegó al poder con el apoyo de narcotraficantes. El presidente del 2022 tendrá la responsabilidad histórica, nada más y nada menos, que de reconstruir el país.

El elegido o elegida, debe tener la claridad para hacer un diagnóstico responsable de la crisis, sin usarla como excusa o espejo retrovisor. Si bien es cierto el tremendo daño que ha significado la pandemia, sería un engaño monumental culpar a esta coyuntura de todos los problemas del país. Debemos tener una cosa clara desde hoy, con miras al próximo gobierno, y es que no podemos permitir que la pandemia se convierta en el chivo expiatorio del futuro. Hay que recordar siempre que no es el Covid el que ha orquestado el asesinato sistemático de líderes sociales; y no es el Covid el que está promoviendo la explotación de hidrocarburos en zonas ambientalmente estratégicas; y no es el Covid el que ha generado una percepción de corrupción que nos ubica en el top mundial. Y un largo y lastimoso etcétera.

El próximo gobernante deberá tener la sensibilidad y la decisión para escuchar y responder la necesidad urgente de las mayorías afectadas, no sólo por la pandemia, sino por toda la maraña de problemas que ya veníamos arrastrando. La agenda del gobierno 2022 tendrá que ser, sin la menor duda, la mayor apuesta de la historia por la reconfiguración del tejido social del país, lo que implica necesariamente una visión humanista que ponga a los ciudadanos concretos como el eje único de acción gubernamental. Seguir en la lógica de un gobierno de banqueros para banqueros, o de terratenientes para terratenientes, después de la pandemia, sería francamente criminal.

El sustrato indispensable del próximo gobernante debe ser, además, una idoneidad moral que permita inspirar unión y mantener la esperanza en el país. En primer lugar, es clave que el encargado de llevar a cabo la reconstrucción del país no tenga tacha alguna, o siquiera una sospecha acerca de la trasparencia de su acción. Y cuando digo unión no hablo de un líder que acabe con el pluralismo, o lo que algunos han llamado “la polarización”, que al final es una expresión legítima de la contienda política, sino de un liderazgo que independientemente de la posición ideológica, pueda mirar cara a cara a cualquier ciudadano y responder por la trasparencia de cada una de sus acciones. En segundo lugar, es inevitable que, tras la crisis, una parte de la población vea minada su confianza en el país y las instituciones, con justa razón, y será el próximo dirigente el que con su gestión se encargue de reafirmar ese vínculo entre los ciudadanos y el Estado para llevar a buen puerto este barco golpeado y saqueado.

Pero, insisto, antes de hablar de nombres de candidatos debemos hablar del país que queremos. Los colombianos, antes que esperar acuerdos entre políticos, debemos hacer un acuerdo entre nosotros. Somos los ciudadanos los que debemos poner la agenda, y no esperar a que los políticos nos comuniquen la suya. La unidad, antes que política, debe ser social, popular, ciudadana.

Esa unidad debe sustentarse en unos ejes fundamentales que deben sentar las bases mínimas de esa gran RECONSTRUCCIÓN NACIONAL. Propongo dos:

1) Debemos unirnos todos aquellos que queremos separar la política de la mafia. Para que no lleguen políticos financiados por traquetos, ni que tengan algún mínimo de relacion con narcos y corruptos. En otras palabras, es un pacto por lo que llamaba Gaitán, la “restauración moral” de la patria.

2) Debemos unirnos todos aquellos que queremos un acuerdo fundamental sobre los derechos sociales esenciales para llevar una vida digna. Un pacto por garantizar lo que todo colombiano debe tener, como mínimo, para poder desplegar sus capacidades y realizarse como ser humano. Estamos hablando de salud, educación, trabajo y pensión.

Una de las grandes lecciones de la Segunda Guerra Mundial consistió en que el establecimiento europeo, en un análisis sensato de todo el dolor que habían padecido sus sociedades en términos de muerte y pobreza, optó por el desarrollo de un Estado de Bienestar que permitiera a sus ciudadanos unas condiciones de vida dignas, y que devolviera la confianza de los sobrevivientes en sus países, y en el nuevo mundo que se avecinaba. Gran parte de Europa, también Japón, son lo que son, precisamente, porque tuvieron el valor político de asumir que la reconstrucción social tras una crisis profunda debe partir de rescatar a sus ciudadanos concretos del foso en que la guerra los dejó. Creo que es el momento de que nuestro país tome una decisión de esta naturaleza. Ya sufrimos como sociedad de los horrores de una guerra prolongada, ya sufrimos el inmenso daño que en términos de desigualdad nos ha dejado una apropiación criminal del poder por unos pocos, y, ahora, para completar, venimos fracasando en el manejo de la pandemia más importante del siglo. Creo que no hay ninguna decisión más lógica y responsable que reconocerle a la sociedad todo el sufrimiento en estos malos tiempos, y no hay otro modo que garantizándole el Estado de bienestar que nunca hemos tenido.

Es indudable que el país está cambiando. Pero más allá del Covid en sí mismo, el cambio estará determinado por nuestras acciones y elecciones.  A hoy, sabemos que los mismos de siempre han aprovechado la crisis para concentrar la riqueza en unos pocos banqueros y mafiosos, que seguirán intentando poner a sus siervos políticos, congresistas y presidentes, a trabajar para ellos.

¿Cómo recontruiremos el páis después del confinamiento? Eso solo lo determinarán las sociedades, los pueblos, gente como tú que tendrá en sus manos la posibilidad de elegir. Si el manejo de la pandemia ha dependido de unos pocos, y están fallando, la postpandemia dependerá de todos, y no podemos fallar.

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3 Comments on "El Presidente Poscovid"

  1. HERMOGENES MEJIA POSAA | 3 agosto, 2020 at 5:56 am | Responder

    Muy bien Escrito. Por ahí es la cosa

  2. Creo que otro de los puntos a proponer, es el cambio de nuestro chip. El de ser honestos. El de no pasar por avispadísimos cuando decimos a papaya puesta, papaya partida. Creo que antes que los dos puntos propuestos por usted, debería quedar este.

  3. Jair Alfonso MONTANO SILVERA | 3 agosto, 2020 at 9:30 am | Responder

    Que buen analisis!!

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