El deber de la desobediencia civil

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Este artículo es una nota ciudadana, y como tal es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cuarto de Hora.

Por: Juan Carlos Pérez

Henry David Thoreau, un pensador libertario del siglo XIX, definió la desobediencia civil como un proceso de ruptura por medio del cual un ciudadano deja de reconocer la legitimidad de un gobierno, y se niega a obedecer unas leyes que considera injustas. No se trata de un llamado a la rebelión popular, ni de instituir un orden nuevo. Tampoco es una lucha por el poder político. La única obediencia que debe reconocer una persona es la obediencia a su propia conciencia, y a su capacidad de reconocer lo justo y lo injusto y de obrar en consecuencia. Si una ley es injusta, hay que negarse a obedecerla. Si considero que la guerra no tiene ningún sentido, debo negarme a participar en ella, aunque esa decisión tenga consecuencias negativas para mí. Thoreau se negó a pagar un impuesto de guerra y fue llevado a la cárcel. Se negó a obedecer las leyes de un Estado basado en la esclavitud de seres humanos, como era el gobierno de los Estados Unidos en la primera mitad del siglo XIX.
Con Gandhi la desobediencia civil adquiere una una dimensión política y social, y se convierte en una desobediencia activa. El poder de los gobiernos está en la obediencia de los pueblos a sus leyes; si los pueblos desobedecen y se niegan a cooperar, los gobiernos caen. La fuerza ética que sustenta esta desobediencia civil está en la verdad, que en el pensamiento de Gandhi tiene un contenido espiritual. Es la fuerza del alma, el satyagraha, en donde se combinan el amor y la fortaleza. Pero no basta con desobedecer, hay que negarse a cooperar y procurarse un autogobierno. Fue una lucha anticolonial la que enfrentó al pueblo hindú contra el imperio británico, a través de acciones que incluían el boicot a los productos ingleses, la oración colectiva, el ayuno y la huelga general, así como la recuperación del tejido tradicional y la fabricación de su propia sal.

Martin Luther King propone la desobediencia civil para oponerse a las leyes racistas en los Estados Unidos durante los años 60s. El auto sacrificio cristiano fortalece a las personas para sobrellevar los golpes, la cárcel e incluso la muerte. Si todos somos hijos de Dios, las leyes de segregación racial son injustas y hay que desobedecerlas. Pero no con violencia. Las manifestaciones por los derechos civiles dirigidas por Luther King lograron derogar algunas leyes racistas, pero aún más importante, llevaron a la toma de
conciencia del pueblo afroamericano y de los pueblos de mundo frente a sus derechos y reivindicaciones. Cuando un país sigue plegado a los intereses de una casta dirigente retrograda y pusilánime, cuando un pueblo pierde su brújula ética y se trastocan los valores humanos, cuando la injusticia se convierte en ley, la resistencia civil termina siendo no solo un derecho, sino un deber ético y político individual y colectivo.

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1 Comment on "El deber de la desobediencia civil"

  1. Excelente argumento de contextualizar el valor democrático del término desobediencia…en momentos crecientes de conciencia ante el vacío de gobierno para conducir el Estado.

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