Reflexiones desde el Confinamiento

Por: María José Pizarro Rodríguez  /  Congresista Coalición Decentes (CH – MAIS – UP)

Ofrecemos una Política para la Vida frente a la política de la muerte, entendemos ésta como una nueva encrucijada del destino de la humanidad, el principal reto de nuestra época, que supera, las consabidas disputas entre las izquierdas y las derechas del siglo XX. Nos reafirmamos en plena pandemia, como sus guardianes, vamos mas allá de esos progresismos fósiles que no plantean una ruptura real con el modelo de desarrollo y conviven convenientemente con economías, centradas en actividades extractivistas, la dependencia energética de materiales fósiles como el carbón y el petróleo y la supremacía de la ganancia con base en la especulación financiera, global y local.

Tenemos una producción deslocalizada, es decir que dependemos como nunca de una economía globalizada que pone a competir a todos los territorios del mundo en una lógica de rentabilidad máxima, que no produce riqueza, y, por el contrario, profundiza la inequidad y la pobreza de miles de millones de personas que no pueden garantizar un mínimo vital para la subsistencia.

Los gobiernos colombianos, siguen aferrados a la extracción de los recursos naturales, especialmente hidrocarburos, como motor económico del país. Han optado por esta vía para mantener el “crecimiento económico”, con la excusa de garantizar en las regalías los recursos necesarios para “la inversión en educación, vivienda, agricultura, salud y cultura de miles de familias” y, así, encontrar el “camino al desarrollo”. La realidad es otra, y el mecanismo ha amparado la corrupción a niveles inimaginables y ha propiciado la toma de gobiernos locales, departamentales y nacional, por mafias y aparatos para estatales.

Ser gobierno, para la construcción de un nuevo modelo, es inaplazable; la reconstrucción del país demanda nuestro concurso en todos los terrenos, está es la sustancia y base de nuestro proyecto político. El país aún se encuentra devastado por la guerra y el extractivismo. El coronavirus desnudo nuestra profunda crisis social; nos enfrentamos a la emergencia climática y asistimos a una deforestación descontrolada, patrocinada y aupada por el Estado. Entonces tenemos la responsabilidad de proteger por todas las vías lo que nos queda recursos naturales y biodiversidad, no únicamente como un bien nacional, pues los consideramos un bien común de la humanidad.

La pandemia del capitalismo

Enfrentamos una pandemia, un virus que nos está obligando a vivir en las peores condiciones de exclusión y desigualdad socioeconómicas, que han dejado sembradas décadas de neoliberalismo, de implementación de un modelo económico que nos ha dejado sin un verdadero sistema salud, sin servicios públicos realmente públicos y que nos enfrenta a una brutal realidad: nos está dejando sin planeta.

Sin embargo, todo lo que viene ocurriendo, las evidencias sobre las graves consecuencias de décadas de neoliberalismo, no garantizan el transito “automático” a un postcapitalismo; el capitalismo, es un virus que muta, y por tanto, podemos asistir al surgimiento de un nuevo tipo de sociedad deseable o, también, asistir al surgimiento del autoritarismo y el miedo como forma de control social. Debemos estar alerta ante la tendencia creciente por parte de los gobiernos al uso de medidas autoritarias: la utilización de la figura del estado de excepción como paradigma para defender el capital a todo costo. Sopena de controlar el virus, ejercen un control, inconmensurable sobre la sociedad, y, por ende, sobre los estallidos sociales como los que estábamos viviendo en el mundo previo a la aparición y propagación del COVID – 19.

La crisis derivada del COVID – 19, aunada a la deuda social estructural, pueden desencadenar nuevas y viejas formas de desigualdad, discriminación, nacionalismos, proteccionismos, racismo y xenofobia. Se está desatando un aumento dramático de la violencia basada en género, así como retrocesos inmensos en favor del patriarcado, que millones de mujeres hemos combatido a diario, en todos los escenarios de la vida en comunidad.

Nuevas crisis…viejas exclusiones… nuevas preguntas

La pregunta hoy, después de tres meses de confinamiento es, ¿Cómo podemos salir de la situación trágica y desesperanzadora en la que estamos inmersos y librarnos de las consecuencias que prevemos? ¿Qué podemos hacer?

En esta pausa de un 1/3 de la población mundial, debemos insistir en las discusiones que han sido excluidas o marginalizadas, tanto en la esfera pública, como en la reflexión social cotidiana. Con ello, han intentado privarnos del derecho a decidir, participar y opinar, no sólo sobre el modelo económico y el mercado, sino, también el rumbo de nuestras vidas ,  así como del impactos de las medidas tomadas, sobre el planeta y en la vida de miles de millones de seres humanos.

Quienes tomaron las decisiones, son los responsables frente a la situación que viven millones de personas, a quienes, por mezquindad e ineptitud gubernamental, no se les ha garantizado, lo mínimo, para poder sobrevivir en condiciones de dignidad. Es momento para reflexionar sobre si aceptaremos los modelos de control social y pérdida de libertades que, con la excusa del confinamiento y la pandemia, imponen los gobiernos.

En este sentido, urge que, los movimientos progresistas, promovamos soluciones que garanticen lo que hemos llamado la Economía de lo Esencial: comida (canasta familiar), servicios públicos (agua, luz, gas, internet y transporte), acceso a medicinas y al sistema de salud (incluyendo el funcionamiento del sistema), vivienda digna y educación universal, gratuita y de calidad.

Estamos en mora de gestar un movimiento social de escala global por la salud pública y universal, la renta básica o mínimo vital, la soberanía alimentaria y fortalecimiento de la agricultura campesina y agroecológica, la defensa del ambiente, la eliminación de todo tipo de violencias de género, el reconocimiento para las mujeres de la economía del cuidado, pero también la transformación profunda en las lógicas y roles del cuidado de nuestros mayores y la niñez, la protección de la tradición oral y la memoria, hoy más amenazada que nunca.

También debemos invertir en una tecnología para la vida, sus desarrollos locales a bajo costo y la globalización del conocimiento de manera que podamos invertir en la producción de un saber puesto en función de defender la vida en el planeta y no de permitir el avance del cambio climático y la desigualdad.

Las izquierdas, el progresismo y los movimientos realmente alternativos, debemos comenzar a plantear de manera urgente propuestas globales para superar esta crisis en lo inmediato, pero también a mediano y largo plazo. Las crisis, al ser globales, deben ser pensadas también de manera global y por lo tanto impulsadas por movimientos y partidos que superan, pero incorporan la localidad para ofrecer soluciones planetarias y transformadoras.

El capitalismo no está en pausa, está transformando de manera silente nuestra forma de vida; estamos presenciando un cambio cultural sin precedentes en la historia de la humanidad, hagamos que sea para un futuro de esperanza. El Estado, en condiciones de pandemia, parece, nos quiere alejar, pero, especialmente, a la niñez y la adultez, de la naturaleza y de las relaciones familiares y sociales, de la cooperación y vida comunitaria. Trabajemos desde lo cotidiano, que también es político, para salvaguardar la vida en común.

Intentan inculcar el miedo a las jóvenes generaciones imponiendo la vida virtual a su amaño: intentan controlar nuestras conversaciones, nuestros y datos y nuestra información personal, para ponerla al servicio de la especulación y la manipulación de intereses perversos, que tienen antecedentes nefastos en manipulaciones electorales, la violación de la intimidad y libertad de expresión; respondamos con una nueva agenda por nuestros derechos digitales, de información y privacidad.

Esta pandemia, lo puede cambiar todo, depende de nosotros y nosotras agenciar esos cambios. Este virus pone de manifiesto que estamos unidos por un cordón invisible. Nuestra condición de seres humanos, pone de manifiesto que la política no tiene sentido si no es para la vida, la democracia real, el respeto al ser humano y la vida solidaria de la comunidad. Así que, si una vez superado el virus, seguimos actuando como antes, vendrán otras crisis, otros virus, y no habremos comprendido nada. Todo depende de nuestra capacidad de indagarnos, de cuestionar y de nuestra sana y dulce rebeldía en las redes, en las casas y en las calles. 

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3 Comments on "Reflexiones desde el Confinamiento"

  1. José jaramillo | 20 junio, 2020 at 6:34 am | Responder

    Importante y significativo análisis de María José Piarro. Dando sentido global, ambiental, cultural, económico y político a lo cotidiano. Veo que puede incluir un aparte sobre crisis del sistema mundial y la re emergencia de liderazgos colaborativos regionales en contra de dictaduras facistas.

  2. Exacto, acá no se trata de izquierdas y derechas, sino de políticas para preservar y promover la vida o seguir con las políticas neoliberales que nos matan lentamente… En las últimas décadas nos han regido gobiernos que trabajan para ellos mismos y sus amigos o patrocinadores, muy poco para el progreso general de la comunidad, de la gente que confió en ellos. Es hora de elegir la vida, porque el tiempo corre cada vez más rápido.

  3. José N. Laverde | 27 junio, 2020 at 1:29 pm | Responder

    Los viejos y caducos partidos tradicionales son los que auspician y ayudan a que la corrupción rampante y sin sentimiento social alguno, se atornillen en el estado coadyuvando a un gobierno corrupto malbaratando los recursos del estado en dar prebendas y dando migajas a los lobos hambrientos que sólo piensan en las dádivas y están pendientes de los que les tiran para seguir apoyando a un gobierno corrupto, sin conciencia social y exterminando por medio de la fuerza pública en manguala con las autodefensas disfrazadas de bandas criminales que se pasean por las regiones como Pedro por su casa, asesinando a los lideres sociales y a quienes piensan diferente.
    Se requiere un cambio mental que sólo se puede dar en la juventud descontaminada y en una gran parte de la sociedad que ha tomado conciencia y ha visto que de continuar por la actual senda nos iremos conduciendo al abismo. En nuestras manos y en nuestra conciencia está la única alternativa de que se opere un verdadero y positivo cambio. Los lideres de la política que se ajuste a estos cambios son los que nos deben orientar y agrupar.

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