¡Bella Ciao!

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Por: Daniel Rojas Medellín

El 12 de marzo, cinco días antes de decretar la emergencia sanitaria, el Banco de la República, decidido a “inyectar liquidez en la economía”, resolvió ampliar operaciones de crédito para el sistema financiero hasta por 17 billones de pesos, la fórmula se ha repetido constantemente desde entonces.

El emisor no ha parado de implementar medidas expansivas con el propósito de salvaguardar a los bancos con la convicción religiosa de que, a través de éstos, mediante el endeudamiento, se irradian los beneficios al resto de la sociedad.

Pero algo está fallando, las empresas se están declarando insolventes, hay despidos, hay trapos rojos que gritan hambre, los billetes que imprime la máquina se están quedando en las arcas de algunos pocos, la crisis se está soportando en los hombros de las mayorías.

Las cifras de la Superintendencia financiera explican el fracaso en el manejo de la política económica, la gente está prefiriendo correr el riesgo de adquirir el virus al riesgo de adquirir una deuda. Una encuesta de Fenalco, el gremio de los comerciantes, a pequeños y medianos empresarios de Bogotá revela que el 24% piensa cerrar, el 44% suspender contratos, el 85 % asegura no haber recibido ayuda del Gobierno, y solamente un 7% ha podido acceder a algún tipo de crédito.

No se equivocó el sabio de Aracataca cuando dijo que la ficción es mas fácil de hacer creer que la realidad, hoy más que ayer, me resulta fascinante aquella serie de televisión que logró hacer que miles de personas en todo el mundo manifestaran admiración por una banda de atracadores con máscaras de Dalí dirigida por un intelectual que, además, puso al planeta entero a cantar el himno de los partisanos en todos los idiomas, toda una locura.

Porque vivimos tiempos en los que el poder es irrefutable, define la verdad absoluta, por lo tanto, tiene la facultad de poner en el campo de lo anormal toda interpretación que le contradiga, y en ese escenario, lo único que puede refutar a la razón que impone, es la locura, el delito, todo aquello que debe ser castigado, encerrado y olvidado. Por eso, así sea una ficción, es fascinante que las mayorías sientan atracción por ponerse la máscara de las chicas y los chicos “malos”.

Hoy los tanques de pensamiento del poder usan su influencia para instaurar la idea de que nuestros gobernantes y en especial la autoridad monetaria, aciertan durante la crisis, se le ha conferido a la supuesta independencia del banco central una superioridad religiosa irrefutable, embalsamada en gel antibacterial, inmune al virus de la política, tiñen de transparencia el actuar que beneficie a los mercados y no a la gente, revisten de tecnocracia el sacrificio de puestos de trabajo en un fundamentalismo antiinflacionario que sólo beneficia, nuevamente a los bancos.

Hay una suerte de consenso entre los dueños de la razón para hacernos creer que la suya, es la única manera responsable de afrontar la crisis, todo lo demás es populismo.

Cuando el Banco Central Europeo imprimió papel moneda sin ningún respaldo para salvar a los bancos pocos le calificaron de inmoral, todo lo contrario, todavía, buena parte de Europa y el mundo, mantiene un respeto sacro por las autoridades monetarias y fiscales, también por las calificadoras de riesgo que enriquecieron banqueros mientras que la gente con deudas hipotecarias fue desalojada de sus casas.

Pero es momento de determinarnos libres para cambiar la fórmula, cuando la comisaria de la serie entendió que siempre estuvo del lado de malos que decían ser los buenos, cuando invirtió los valores impuestos por el poder, se liberó.

Algunos economistas han revivido la propuesta de un profesor de Chicago, menos amable que el de la Casa de Papel pero que trae a la mente la escena del zepelín arrojando dinero, ¡una locura! dirán, se trata del denominado “dinero helicóptero”.

Valga decir que no es nada distinto a inyectar liquidez en la economía real, una necesidad aparentemente consensuada entre los especialistas, pero sin la intermediación del sistema financiero, consiste en que el Banco de la República haga emisión primaria de moneda y en calidad de préstamo el gobierno actúe como un helicóptero que distribuye entre la sociedad los recursos sin el sometimiento a las fallidas medidas de focalización, el estado queda en capacidad de garantizar una renta básica, los servicios públicos de los trabajadores formales e informales, salvar las vidas de la gente que con su trabajo sacará de la crisis al país.

La garantía casi total de los riesgos por pérdidas de los bancos que está asumiendo el estado no está transmitiéndose para salvar el aparato productivo por la vía del endeudamiento, las empresas se están declarando insolventes.

En tiempos de COVID es cuestión de vida o muerte cambiar el orden, ponernos la máscara de Dalí, encender la impresora en función de la gente y cantar Bella Ciao, dirán que estamos locos, nos tildarán de castrochavistas, seremos los malos que prefieren salvar vidas en lugar de bancos en nombre de lo técnicamente responsable, los creyentes de la mano invisible se burlarán sólo hasta el momento en el que se enteren que el profesor del dinero helicóptero se llama Milton Friedman.

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