Economía post-pandemia: los mayores costos serán asumidos por las mujeres

Fotografía de Diego Lagos / Instagram @DaLagossPh

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Por: Yesenia Parrado

Las mujeres asumimos en mayor proporción los costos visibles e invisibles de la situación actual, no sólo son en términos de salud, también existen elementos sociales y económicos que deben ser analizados.

Asa Regnér dio un par de cifras que demuestran que somos las mujeres las que estamos en la primera línea de defensa: en el sector social y de salud siete de cada 10 profesionales son mujeres; en los hogares están asumiendo entre dos y diez veces más las labores de cuidado no remunerado que los hombres; en el mercado laboral las mujeres representan el 54% del mercado informal, el cual fue, es y será el más vulnerable en medio de la pandemia.

Así mismo, la cuarentena ha visibilizado la violencia física y emocional de los hogares. Durante estos meses de confinamiento el número de llamadas por temas relacionados a la violencia doméstica se incrementaron en poco tiempo de iniciada. Por ejemplo, en 15 días de cuarentena en España se incrementaron un 18%, Francia 30%, México 60%, y en el caso de Colombia, se registró un incremento del 91% en el mes de marzo de 2020 comparado con el mismo mes del año 2019.

Ahora pensemos un momento en la economía post-pandemia (después de superada la pandemia), donde las mujeres deberán asumir costos “invisibles”, dentro y fuera del hogar.

Al interior del hogar, una de las situaciones más relevantes se da en torno a los cambios nutricionales. La terminación de contratos laborales, reducción o anulación de ingresos en el sector informal, generará que el consumo de alimentos presente un cambio en calidad y cantidad.

En la ingesta de alimentos al interior de los hogares ha sido superior el consumo de hombres frente al de las mujeres bajo el supuesto que “trabajan más en tiempo y en esfuerzo” y por ello requerían “más energía”. Sumado a esto, la costumbre de las mujeres de servir a padres, pareja sentimental e hijos y comer después, modificaba las cantidades de consumo de ellas, tendiendo a ser menor. Ya hay un elemento cultural sembrado en la sociedad.

Con la situación del Covid-19 la situación alimentaria centra la atención, puesto que las nuevas condiciones socioeconómicas llevan a replantear el consumo de los alimentos, buscando precio y no calidad, y a esto, alimentos saludables son prontamente sustituidos por otros más económicos pero de menores características nutricionales. Adicional, las cantidades en el consumo de alimentos de las mujeres disminuye para intentar mantener las raciones de los demás miembros de la familia.

En Colombia, por ejemplo, las ventas de pollo han caído entre un 35% y un 50%, y según proyecciones el consumo por persona mensual ha pasado de 3 kilos a 1.5 – 2 kilos, según datos de Gonzalo Moreno, presidente de la Federación Nacional de Avicultores de Colombia. Cómo se modifican las cantidades según condiciones de clases sociales y al interior de cada uno de los hogares, aún es un dato desconocido.

Fuera del hogar, La atención se centra en el mercado laboral. Pronto empezarán a generarse políticas económicas para solventar la situación de emergencia que empiezan a vivir los Estados y que, como ha sucedido históricamente, propenderán por hacer “ajustes” en el mercado laboral vía flexibilización que se traduce en precariedad e inestabilidad, los cuales recaen con mayor énfasis en los empleos ocupados por mujeres.

El mejor spoiler de lo que viene se podría resumir en una conclusión a la que llego la Universidad Nacional de San Martín de las políticas laborales posteriores a la crisis en Argentina : “El peso de la crisis lo están cargando las mujeres. Ellas tuvieron que salir masivamente a buscar trabajo y, cuando lo hicieron, el mercado les cerró las puertas o, en el mejor de los casos, les abrió una puerta trasera para que ocuparan lugares subordinados”

En el caso de Colombia, la situación se agrava más teniendo en cuenta los últimos datos presentados por el Censo Nacional de Población y Vivienda, donde los ingresos de mujeres son decisivos en el bienestar de ellas y de sus hogares. El 40.7% de los hogares tiene la jefatura ejercida por mujeres, pero al abrir un poco más el detalle de los datos, el 47.73% de los hogares monoparentales (un adulto y una persona o más a cargo) tiene la jefatura ejercida por mujeres, y de los hogares individuales o conformados por una sola persona, 42.14% son mujeres.

Es necesario concluir entonces que, la economía post-pandemia recibirá mujeres con mayores deficiencias nutricionales y, por condiciones socioeconómicas y estructurales, a posibles condiciones laborales de mayor precariedad e inestabilidad. Es menester que el Gobierno nacional prevenga esta situación, y su respuesta al covid-19 sea integral y contrarreste las condiciones de salud, pero también sociales y económicas en las mujeres.

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