¿Vino alguien del futuro para contarnos del Coronavirus y no le hicimos caso?

Por Urías Velásquez /twitter: @UriasV

Como de no creer, un libro de la década de los 80s, cuarenta años atrás, predijo la aparición del CORONAVIRUS, el país donde se daría, la ciudad exacta de la pandemia, pero y por más increíble que lo parezca: el año exacto del suceso.

Tal y como lo leen, es decir, la película Volver al Futuro o los Simpson -que predijeron la llegada al poder de Donald Trump- son meras historietas populares al lado de esto.

El libro se llama Los “Ojos de la Oscuridad”, fue escrito por Dean Koontz en 1981, y cuenta la problemática que se genera al  escaparse desde un laboratorio que fabrica armas de guerra biológica para el gobierno chino  un virus letal y de nombre Wuhan-400, la primera parte del nombre por la ciudad en donde -supuestamente- se localizaba el laboratorio y en donde comenzó la tragedia y la segunda parte por el número de microrganismos combinados que contiene.

A pesar de las sorprendentes coincidencias, entre lo que se cuenta en el libro y lo que se está viviendo en la realidad  -en todo caso- hay diferencias significativas: en el libro, por ejemplo, el virus solo afecta a humanos, no sobrevive en el ambiente, sus síntomas se presentan en cuatro horas y todo los contagiados mueren irremediablemente, mientras que en la realidad, el virus: si puede contagiar a los animales -de hecho, se piensa que quienes tuvieron el virus inicialmente fueron precisamente  los animales que. luego, lo trasmitieron a los humanos en un mercado de pescados en Wuhan-; el virus si sobrevive en el ambiente, aunque no se sabe muy bien por cuanto tiempo; los síntomas del virus tardan en aparecer incluso varios días y, por fortuna, la mayoría de los infectados se recupera con el tiempo.

En todo caso, la pregunta es: ¿se lo habrá imaginado todo Koontz o lo habrá visitado algún turista del futuro hace cuarenta años y le habrá contado todo…? ¿Por qué no…? ¿Pudieron, por ejemplo, hablarle durante un sueño…?

Eso explicaría las dicotomías entre la versión del libro y la realidad de la enfermedad. De hecho, esas diferencias podrían ser explicadas fácilmente así: por un lado, dado que  el escritor no es experto en temas salud es probable que haya confundido los términos  –imaginemos, por ejemplo, que el viajero en el tiempo era un médico-, y, por el otro lado, y dado que estamos suponiendo que el escritor recibió el mensaje en trance de sueño, podría ser que al despertar haya olvidado detalles significativos como la manera del contagio, su letalidad y las características del virus.

Nadie lo sabe, en todo caso las coincidencias son tantas que, de inmediato, abren la puerta a las explicaciones más imaginativas.

Sobra decir que en las redes de todo el mundo el suceso se ha registrado con sorpresa y humor, en todo caso Koontz no se ha pronunciado aún.

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