El retorno del héroe: Egan Bernal «pinta» de amarillo a Colombia

Por AFP

El zapato izquierdo de Armando Ramírez estaba incrustado en la parte baja de una valla de seguridad. Y él señalaba la suciedad de su tenis a modo de trofeo por haber sido uno de los primeros en llegar al multitudinario recibimiento en Colombia al campeón del Tour de Francia, Egan Bernal.

 

Al lado de este conductor de camión de 44 años había niños, viejos, familias reunidas que colmaban la Plaza de los Comuneros, en el centro de Zipaquirá, en honor al primer ‘escarabajo’ en traer a América el maillot amarillo. Pero él, en este miércoles en el que el país del café conmemora 200 años de independencia, asistía solo a ver al nuevo ídolo de millones.

 

Llegó a las cinco de la mañana, apenas los organizadores del evento permitieron la entrada al parque que recibió a diez mil personas, con una gorra, sus anteojos y una ligera campera rompe vientos, un escudo débil ante el frío tempranero de la ciudad que adoptó hace 22 años al «Joven Maravilla».

 

«Hombre, (siento) una felicidad, ver a una persona sencilla y donde está ahora, lo hace a uno llorar», dijo a la AFP con los ojos camino a enrojecerse, como antesala a derramar un par de lágrimas. Egan «es lo mejor y vienen más» triunfos, agregó.

 

A unos diez metros, Rosadelia Pachón esperaba expectante la salida de quien, jura, es su primo. Tras vivir la mayor parte de sus 60 años trabajando en el campo, la ahora ama de casa madrugó junto a sus familiares para recibir al pedalista del Ineos.

 

Soportó durante cinco horas los vientos gélidos de Zipaquirá, una localidad de 126.000 personas a 46 kilómetros de Bogotá, y luego el sol picante que no tiene clemencia con las pieles que se le exponen para corear el nombre de Egan Bernal, mientras el campeón reverenciaba a su público.

 

«Estamos muy felices y esperamos que siga llevando la bandera de Colombia a lo más alto», afirmó, con su pelo negro largo y ropas típicas de la altiplanicie colombiana.

 

– Júbilo –

 

El vencedor del Tour, hasta su victoria la única deuda de los ‘escarabajos’ en Europa, llegó a las diez de la mañana con la camiseta amarilla y montando una bicicleta del mismo color, igual a la que se paseó por los Campos Elíseos de París. Decenas de policías lo escoltaron hasta la tarima.

 

Aunque había aterrizado en Bogotá el lunes en sigilo total, Bernal se opuso a que en su honor se hicieran las tradicionales caravanas de recibimiento y a que hubiera políticos en el acto público organizado por la alcaldía de Zipaquirá y la Federación Colombiana de Ciclismo (FCC).

 

«Todo ha pasado tan rápido que hasta ahora, cuando los veo a ustedes acá, me estoy dando cuenta de lo que esto ha significado para Colombia. Y la verdad me siento muy orgulloso de poder aportarle algo a la sociedad», señaló.

 

Ante sus pies se rendía un mar amarillo, de hombres y mujeres que tenían puesto el traje de la selección tricolor de fútbol y otros que habían comprado las imitaciones del maillot, que ya empiezan a venderse por cientos en Colombia. De la multitud sobresalían carteles con vivas para el campeón.

 

Más cerca, en primera línea, lo observaban viejas glorias del ciclismo cafetero: Fabio Parra, Patrocinio Jiménez, Mauricio Soler, Lucho Herrera, Martín Emilio «Cochise» Rodríguez o Efraín «Zipa» Forero. «Gracias por permitirnos soñar con que algún día íbamos a ganar el Tour», les lanzó.

 

Para Jiménez, parte de la generación colombiana que se estrenó en los Tour y la Vuelta a España de los ochenta, Bernal fue el «elegido» por el destino para alcanzar lo que decenas de ‘escarabajos’ buscaron por años.

 

«Nosotros fuimos los primeros que aportamos allí, fuimos a aprender y fue quedando en nuestras memorias cómo era la técnica del ciclismo moderno. Y algún día tenía que suceder, este es el inicio de muchos triunfos para Colombia», sostuvo a AFP.

 

Tras dos horas en una tarima, donde regaló una réplica de la camiseta amarilla a la FCC y de la blanca de mejor joven a su entrenador de infancia Fabio Rodríguez, Egan se fue por la misma vía por la que entró.

 

Antes prometió a sus coterráneos zipaquireños que lo seguirán encontrando en las carreteras de las sabanas bogotanas, por las que salen en las mañanas para prepararse a una nueva competición. Y por las que también transita Armando, el conductor, quien promete hacer sonar la bocina de su vehículo en honor al hombre que lo hizo llorar.

 

Por una de esas vías, grabado en un mural, Egan además verá su rostro, el lema «El orgullo de mi patria» y, por supuesto, su torso cubierto con tela amarilla.

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