¿Corrupción o desigualdad social? Debate entre Petro y Fajardo

Foto tomada de: publimetro.co

Por David Racero, Representante a la Cámara por Bogotá, MAIS-Decentes.

 

El pasado 16 de junio, Gustavo Petro le respondía a Sergio Fajardo un tweet acerca de la relación entre corrupción y desigualdad social.

Decía Petro: “El cáncer de Colombia es la desigualdad social producto de una acumulación de riqueza violenta y con derramamiento masivo de sangre. La corrupción es el efecto de ello. Democratizar la tierra, el saber, el capital, es el camino de la paz y el fin de la corrupción”.

Mientras el tweet de Sergio Fajardo al que hacía referencia era: “El cáncer de la sociedad se llama corrupción. Los corruptos creen que todo vale. Nosotros tenemos claro que la manera en la que se hace campaña, así se gobierna. Eso es lo que nos hace libres a nosotros. Nosotros nos debemos a la ciudadanía”.

¿Quién tiene la razón entre los dos “oncólogos políticos” al momento de diagnosticar el cáncer de Colombia? ¿La corrupción es el principal problema de nuestro país? O, ¿es la desigualdad social? Y en consecuencia, ¿cuál factor determina al otro? ¿Hay algún tipo de causalidad? Analicemos. 

 

Definición consensual

Permítaseme hacer la siguiente definición sobre corrupción como consenso que nos posibilite guiarnos en el debate: La corrupción es el resultado de una acción premeditada e intencional donde una persona (el corrupto) o un grupo (los corruptos) sacan ventaja del lugar privilegiado donde se encuentran (como ordenadores de gasto, posición política o contractual con el Estado) para beneficiarse a nivel personal o grupal a costa del bienestar general. Al final, el o los corruptos obtienen mayor riqueza, ya sea de manera monetaria o por adquisición de propiedades. En el fondo, la corrupción es un asunto de incentivos económicos donde los corruptos buscan el aumento de su riqueza en detrimento de lo público y de la vida de otras personas. Y en consecuencia, la apropiación indebida del corrupto es la pérdida del bienestar de otros. Evidentemente, el incentivo económico -la expectativa de enriquecimiento- se ubica por encima de cualquier escala de valores morales o preceptos normativos sobre el cuidado del Estado, lo público, respeto a la legalidad, etc. 

 

¿La corrupción como problema principal –tal como afirma Fajardo- es la causante de la desigualdad social?

Cuando Fajardo habla de que la corrupción es el “cáncer” de la sociedad, la sitúa como el principal problema del país (esto lo ha repetido un sinnúmero de veces). La causa de causas que explicaría también la situación de desigualdad lamentable que tenemos como nación. Podría decirse que la desigualdad es una consecuencia de un fenómeno de corrupción donde unos secuestran el Estado para sacar provecho económico de él. Y al hacerlo, condenan al país a la desigualdad económica y social. Es mediante la corrupción que se acumula de manera ilegal, afectando el bienestar de los demás, desposeyéndolos. 

Siguiendo esta tesis, si se acaba la corrupción se acabaría la desigualdad o, por lo menos, se harían sociedades mas igualitarias o justas. Pero adicionalmente, al eliminar la corrupción como el problema principal (el “cáncer”) se podría avanzar en la lucha contra la pobreza, la violencia, y se atacarían mejor los problemas sociales (salud, educación, vivienda, pensión), y los económicos (bajos salarios, desempleo, limitada matriz productiva), según la tesis de Fajardo. 

Esta idea supone que los recursos económicos disponibles en la sociedad son suficientes para generar mejores condiciones de vida, pero que por la usurpación y apropiación indebida por los corruptos, dichos recursos no llegan a los demás sectores de la población. En consecuencia, acabando la corrupción, dichos recursos llegarán al conjunto de la comunidad y con ello se disminuiría la desigualdad social. 

Justamente el corrupto actúa con el pensamiento contrario. Considera que los recursos son limitados -que no son suficientes para todos- y por eso hay que sacar ventaja para quedarse con lo que hay -o quedarse con más-. Es, sin duda, una visión depredadora de la escasez.

Sin embargo, si aceptamos la tesis de Fajardo, ¿solo acabando la corrupción se propicia la igualdad social? ¿O se tendría que realizar una acción adicional? Acá nos enfrentamos a dos visiones diferentes que han sido la gran discusión del pensamiento económico. Aún sin corrupción, ¿el mercado por sí solo puede generar sociedades con

condiciones de igualdad o es necesario mecanismos de distribución vía Estado? ¿Puede haber sociedades sin corrupción que no hayan generado procesos de distribución económica? La respuesta es que NO. La evidencia que arroja la comparación entre países muestra que la ausencia de corrupción está ligada estrechamente a procesos de distribución económica y por ende de igualdad social. Miremos.

 

 ¿Qué indican los índices?

Contrasté la enumeración realizada por Transparencia Internacional (2018) sobre la clasificación global de países corruptos con el listado expuesto por el Banco Mundial (2018) sobre el indice de GINI (que mide la desigualdad económica) entre países, también a nivel global. Encontré que los países con menos índices de corrupción comparten una misma realidad económica: desarrollaron fuertes Estados de bienestar, y con ello de profundos mecanismos distributivos por medio del Estado. Tales países son los siempre renombrados Dinamarca, Suiza, Noruega, Suecia, Países Bajos y Finlandia. Dichos países evidencian una relación estrecha entre baja corrupción y baja desigualdad (en las dos clasificaciones están en el top de los primeros puestos). Son sociedades muy igualitarias a nivel económico (por ejemplo, es acortan las diferencias entre los ingresos entre las personas más ricas con las personas no ricas) y profundamente democráticos.

Al contrario, se asocia a los países más corruptos con altas tasas de violencia, concentración de la tierra y la riqueza y autoritarismo (por ejemplo, Venezuela y la misma Colombia).

En la zona media, se encuentran países altamente capitalistas, que generan riqueza pero no distribución. Y eso propicia corrupción. Países como Estados Unidos, por ejemplo, no están en los primeros puestos de los no corruptos ni de los de menor desigualdad. Sin caer en el simplismo inocuo de decir que la corrupción es propia al sistema capitalista (antes del capitalismo también había corrupción), sí hay algo evidente: ante más desigualdad social y económica, mayor corrupción.  

La tesis de Petro coge fuerza.

 

¿La desigualdad social, como lo afirma Petro, es la causa de la corrupción? 

El argumento central de esta tesis radica en entender la corrupción como un mecanismo a través del cual los que tienen poder económico garantizan y mantienen su posición social. La desigualdad se plantea como una realidad histórica preliminar a la corrupción, siendo ésta la forma de perpetuación de la desigualdad. Es por medio de la corrupción política que se sostiene un sistema desigual. Implica ello que a mayor desigualdad social, mayor corrupción, pues los que tienen privilegios económicos y sociales apelarán a actos corruptos para no perder sus privilegios y posiciones dentro de la sociedad. 

Por el contrario, siguiendo a Petro, si se generan sociedades mas igualitarias a nivel social y económico se acabaría o, por lo menos, se disminuiría la corrupción. A mayor igualdad social, económica y política se tendrían menos incentivos para robar o ser corrupto y evitaría la concentración en unos pocos. 

Tal como se puede evidenciar en la comparación de los índices de corrupción y de GINI hay una relación indiscutible entre corrupción y desigualdad. La corrupción no es un asunto de manzana podridas, no es solo un mero asunto de “políticos corruptos” que se aprovechan del Estado para su propio interés, sino que es una realidad sistémica que posibilita la perpetuación de la desigualdad dentro de las sociedades. Por eso la corrupción no solo se puede combatir con leyes, con castigo y sanción legal y moral. Tampoco es un mero asunto de educación pública donde se le debe enseñar a la gente a no robar y cultivar valores civiles que intenten superar la cultura del atajo y de la “papaya puesta”, etc. Claro que implica ello, pero va más allá. Implica hacer cambios estructurales a nivel económico y político, esto es, de la forma como se ejerce el poder. El antídoto contra la corrupción, es, sin lugar a dudas, la profundización de la democracia. La democratización de los medios que generan poder y riqueza, esto es: el saber, la tierra y el crédito. Por eso, Petro tiene razón. 

Indiscutiblemente tomarse en serio la lucha contra la corrupción es una ventana para abordar la desigualdad. Y la capacidad que tiene para generar indignación debe ser una oportunidad para explicar a la gente que si combatimos la corrupción es también para construir otra sociedad y no solo cambiar de políticos: de unos políticos corruptos a otros que parecen chéveres. Si queremos transformar la política y limpiarla de políticos corruptos es porque queremos una sociedad diferente, más justa, equitativa y libre. Es decir, democrática. 

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