lunes, abril 22

¿Qué es un político bisiesto?

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas

Editor: Francisco Cristancho R.

No es escritor aquel que simplemente teclea unas letras. Escritor es quien es capaz de transmitir una idea en forma tal que sus lectores puedan entender el contenido sin necesidad de descifrarlo.

Dícese bisiesto aquel año que tiene un día de más y que se da cada cuatro años. Un símil puede observarse entre este y la presencia de Íngrid Betancourt en la política colombiana, pues aparece cada cuatro años por espacio de unas semanas, pasadas las cuales retorna a su país de acogida. Recientemente volvimos a escuchar de la bisiesta Betancourt, quien bestializó en voz alta por medio de Twitter –arrogándose una posición de perito criminalista sin ningún conocimiento en la materia– y puso en duda la hipótesis central de la muerte del coronel Dávila. La señora Íngrid, quien durante su paso por el Congreso no hizo sino payasadas en compañía del ‘pollo’ Martínez-Guerra, se saca otro truco del cubilete del mago y vuelve a la escena, esta vez haciéndose pasar por experta en criminalística y criminología. Fue tan audaz que incluso propuso conclusiones alternativas, sosteniendo que era imposible que nadie escuchara “los disparos que acabaron con la vida del TC Óscar Ávila (sic)”. Tras de atrevida, no se tomó el tiempo de verificar el nombre del interfecto, faltando doblemente el respeto a sus dolientes.

Sea la oportunidad para unirnos a las voces de preocupación por el retardo injustificado en la entrega de la necropsia practicada al cuerpo del coronel Dávila. Esperamos que en cuanto el dictamen sea remitido a la Fiscalía, este sea divulgado oportuna y suficientemente por parte del ente investigador, como lo ha hecho con los demás actos de investigación relativos a esta indagación. No vaya a ser que el inepto Barbosa y sus fiscales estrellas, Jaimes y Hernández, terminen por atribuir mérito a las hipótesis fantasiosas de la bisiesta Betancourt. Íngrid, solo nos queda decir que admiramos tu sapiencia y la ignorancia de los inocentes.

Jugando con Twitter encontramos este titular que reproducimos no con el ánimo de copiar sino de ilustrar: “las jugadas de la Comisión de ‘Absoluciones’ para defender al fiscal general, Francisco Barbosa”. Leído el contenido, vemos que Roy Barreras y quienes lo acompañan (o han acompañado) son unos verdaderos saltimbanquis, pues de ninguna otra manera puede calificarse el comportamiento de Gloria Arizabaleta, representante a la Cámara del Pacto Histórico. Arizabaleta no solo no se declaró impedida para votar en el proceso que se seguía contra su amigo –el fiscal general de la Nación, Francisco Barbosa– sino que además votó favorablemente a la ponencia inhibitoria –en directa contradicción con la postura del partido de gobierno– y fue su voto el que garantizó que Barbosa saliera indemne y el caso por abuso de poder quedara en la impunidad.

La denuncia que conocía la Comisión de Investigación y Acusaciones fue presentada por el veedor Pablo Bustos. Por orden del presidente de la comisión, Wilmer Carrillo, se acumularon varias denuncias formuladas en contra del fiscal general por los mismos hechos y sin lugar a decretar pruebas o examinar el mérito de la acusación en sesión de debate informal, puso a consideración del pleno la ponencia inhibitoria. Con esa habilidad de los congresistas de inhibirse para pronunciarse sobre cualquier cosa o impedirse para votar sobre cualquier tema, se archivaron todas las denuncias, evitándole así al señor Barbosa la molestia de acudir ante su juez foral a rendir diligencia de interrogatorio. Nada de esto habría sido posible sin la ayuda que prestó al fiscal general la representante Gloria Arizabaleta, exesposa del bueno para todo Roy Barreras. Lo anterior muestra acuciante la necesidad de reformar el régimen de impedimentos y el procedimiento instituido para tal efecto, sin estas modificaciones será imposible tener un verdadero poder legislativo y nos quedaremos con el poder de mentirijillas que impera hoy.

Y ya que hablamos del Congreso, en la semana que pasó los godos salieron con una triquiñuela propia de ellos para impedir el trámite de las reformas sociales. El de siempre, el (in)falible Efraín Cepeda –presidente del Partido Conservador tras defenestrar a su antecesor con una rebelión interna azuzada por él y quien es ingratamente recordado por su papel en el intento de birlarle a las víctimas del conflicto armado las 16 curules que les correspondían por derecho, ardid que se vio frustrado con la decisión que sobre el particular emitió la Corte Constitucional y en la que reivindicó el derecho de las víctimas a su representación en el Congreso de la República– vuelve al ruedo con sus recientes declaraciones de protesta por la presencia del representante conservador Jorge Quevedo en la Comisión Séptima, donde se discutía la ponencia positiva de la reforma laboral. En opinión del senador Cepeda, congresista godo que no vote como él quiere, pierde el derecho a hablar, a votar, e incluso a participar en las sesiones de la cámara a la que pertenezca.

Es comprensible que, dada la disciplina para perros impuesta a los godos, el senador Cepeda creyera factible privar al representante Quevedo de voz y voto en el partido. Lo que sí es abusivo y demostrativo del desconocimiento de la ley es que diga que el señor Quevedo no podía participar de la sesión de la Comisión Séptima porque esa era la voluntad de la bancada. Gústele o no al senador Cepeda, el señor Quevedo posee una credencial que le acredita como miembro de la Cámara de Representantes y como tal le asiste el derecho de participar en las sesiones plenarias y en las de la comisión a la que pertenece. Efraín, así como a la hora del almuerzo no debe confundir el principio con el final, tampoco el poder de bancada con el cumplimiento de la ley. Si antes no sabía sumar, ahora sabemos que la cabeza de los godos tampoco es docto en la lectura.

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