viernes, mayo 24

Movilizaciones de la oposición estuvieron acompañadas de expresiones clasistas, racistas y violentas

El pasado domingo, Colombia fue testigo de una movilización masiva de la oposición en varias de sus principales ciudades, con un claro objetivo: expresar su rechazo al gobierno del presidente Gustavo Petro. Aunque las manifestaciones no derivaron en violencia física, lamentablemente, sí estuvieron marcadas por expresiones cargadas de odio, clasismo y racismo.

Bajo el grito unánime de “¡Fuera Petro!”, los participantes en estas marchas no dudaron en utilizar apelativos clasistas y racistas contra el mandatario y su vicepresidenta Francia Márquez. En las calles, se podían ver pancartas con mensajes denigrantes y escuchar estribillos cargados de rabia y desprecio, además de actos simbólicos violentos como los ataúdes que llevaban algunos ciudadanos.

Tal como quedó registrado en las redes, muchas de estas expresiones estaban fundamentadas en desinformación o información manipulada. Los manifestantes, en su mayoría personas de la tercera edad, repetían una y otra vez una larga lista de noticias falsas que precedieron a las marchas. Por ejemplo, se difundieron ideas sobre un inminente colapso económico y una supuesta ruta hacia una dictadura, alimentando así el clima de descontento y resentimiento.

Ante esta situación, diferentes líderes políticos afines al gobierno han instado al presidente a utilizar los medios de comunicación públicos para desmentir estas falsas afirmaciones y educar a la población sobre el verdadero alcance de las reformas propuestas.

Si bien las manifestaciones no se tornaron violentas físicamente, sí hubo agresiones verbales y obstrucción al trabajo de los periodistas. Trece periodistas fueron objeto de agresiones físicas, verbales y obstrucción a su labor informativa durante las manifestaciones del 21 de abril en varias ciudades del país. Estas agresiones van desde insultos y señalamientos hasta ataques directos con objetos.

En lo que coinciden diferentes líderes políticos es que si bien estas manifestaciones reflejan un profundo descontento y polarización en la sociedad colombiana, es fundamental abordar este descontento desde el diálogo, el respeto y la búsqueda de soluciones constructivas, pues la violencia, el clasismo y el racismo solo profundizan las divisiones y obstaculizan el avance hacia un país más justo y equitativo.

En este contexto, es responsabilidad tanto del gobierno como de la sociedad en su conjunto trabajar por un ambiente de respeto mutuo y tolerancia, donde las diferencias se aborden con argumentos y no con odio.

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